domingo, 11 de septiembre de 2011

EL ZOO LOCO O EL ELOGIO A LA CORDURA


Paseaba una de estas calurosas y bochornosas tardes por el centro, más concretamente por el Carmen, cuando se me acercó una anciana tocada con una amplia pamela para resguardarse del sol de estos días y me preguntó si aquella casa que estaba frente a nosotros era el Ayuntamiento. Me quedé bloqueado ante la ocurrencia de la simpática señora, que por aquella pregunta no supe si era una turista despistada o si su despiste era causa de la chochera propia (pero no patrimonio exclusivo) de la edad avanzada; la casa que me señalaba era la conocidísima del inmemorial rótulo del Zoo Loco.

"Pues no señora, el ayuntamiento está unas calles más arriba", le contesté. Ella me sonrió pícaramente: "Pues si no es el ayuntamiento, a mí me lo parece". Tras lo cual se despidió y volvió a tomar su camino sobre sus pasos, dejándome perplejo tan surrealista encuentro.

De repente tuve una visión y comprendí que no estaba tan chocha la vieja de la pamela. Abandono y espeso olor a humedad, viejos cortinajes de tiempos mejores tratando de escapar por ventanas de cristales rotos de una ruina inminente, oscuridad tras puertas tapiadas; toda esta visión no era causa del calor... Pero lo verdaderamente inquietante -y revelador- de este "cuadro de Munch" que contemplaba era el rótulo que sirve de carta de presentación de la casa y de sus antiguos inquilinos: "El Zoo Loco". El flash de muchas caras públicas desfilaron por mi cabeza como en aquella parábola de los ciegos.


Verdaderamente estaba cuerda la vieja que a lo lejos desaparecía por Carpintería arriba y de la que ya apenas se le podía ver el contraluz de su amplia pamela.




Juan A. Moreno