jueves, 7 de junio de 2012

SONES BARROCOS RECUPERADOS

Foto: Diario de Jerez.


Magnífico fue el concierto que pudimos disfrutar ayer en la iglesia Catedral, abarrotada para la ocasión.  El escenario no podía ser más a propósito para la presentación del recién restaurado órgano dieciochesco procedente del convento del Espíritu Santo y que ahora formará parte del mobiliario litúrgico del primer templo jerezano. Órgano y orquesta catedralicia estuvieron a la altura del escogido repertorio de obras de Bach -padre e hijo- y de Händel. 

Damos la enhorabuena al Obispado por la recuperación para Jerez de esta pieza histórica y artística de un nivel más que apreciable. Unas felicitaciones que tienen mayor motivo por ser esta una recuperación en el pleno sentido de la palabra. 

Como bien saben nuestros amigos lectores, el convento del madres dominicas del Espíritu Santo está abandonado desde que esta comunidad religiosa decidiera poner punto final, hace unos años, a una presencia en nuestra ciudad que se remontaba al siglo XIV (1324); a ayer mismo, como quien dice. Desde la partida de las monjas, al edificio conventual, una de las joyas del renacimiento andaluz, se le presenta un futuro incierto. Mientras, algunas piezas muebles, -entre las que se encontraba el órgano que ayer nos transportaba al Setecientos- parece que han ido a parar a distintos conventos que la orden tiene -según hemos podido saber- en Sanlúcar y Baena. De otras piezas, como en el caso de los retablos, no sabemos qué suerte han corrido o correrán.

En el caso del órgano que, según fiables atribuciones, realizara hacia 1781 el francés Guillermo D'Enoyer, y la caja que lo alberga, que diseñara y tallara alguno de los hábiles artistas de la madera afincados en nuestra ciudad por aquellos años, ha escapado de la infamante "venta por piezas" a un anticuario trotaconventos; el triste destino de muchas de estas piezas artísticas, en absoluto de carácter menor, cuando alguno de estos conventos es "ex-claustrado".

En cada unas de esas piezas de mobiliario se respira la historia y la intrahistoria de cada edificio conventual. Son, por ello y no podemos olvidarlo, elementos patrimoniales que una ciudad no debe nunca dejar perder. 

Juan A. Moreno
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