martes, 3 de enero de 2012

JUANA DE DIOS LACOSTE (II): EL FIN DE LA FIESTA.


La basura habla de nosotros con mayor claridad que nuestras palabras.

La basura son nuestros hechos, el rastro que van dejando nuestros pasos sobre la tierra, el recuerdo más primario de nuestra vida física y material.

Son los elementos que nos permitieron alimentar los cuerpos dedicados al disfrute de un presente que creemos eterno, pero que sólo es eterno en cuanto a lo mucho que tardan en desaparecer. La "botellona", los restos de un desparrame sexual, una noche de sueño entre trapos viejos, todo eso permanece como un campo arqueológico maloliente entre las casi demolidas paredes de esta calle, que tan mala vida está llevando de diez o doce años a esta parte.

Estas imágenes nos hablan de personas que, sin dudas, gozaron durante su estancia en esta calle, que en ella bebieron y comieron, dando muestras de su desaseado paso por esta ciudad, donde no hay límites para el atropello de lo público.

Porque estas escenas, vergonzosas antes que repulsivas, proceden todas de una misma calle, Carpintería Alta, ahora Juana de Dios Lacoste. De una calle que fue modélica en cuanto a conservación y limpieza hasta hace muy pocos años y que ahora es protagonista de este blog por segunda vez: la primera, por la salvaje devastación a la que se ha visto sometida y ahora, por la suciedad extrema que vemos en ella, tanto en edificios de venerable antigüedad, como en otros de construcción o rehabilitación reciente.

Este desafuero es un serio problema para los vecinos y empresarios que intentan sobrevivir en ella pues, como hemos dicho otras veces, parece un territorio en guerra.

Nuestro paseo comienza con la que fue casa de los Navarro, retablistas del siglo XVIII de airada pero laboriosa vida, cuyos aspectos mas salvajes parecen haberse reencarnado en los restos de "botellona" y juerga que asoman por sus ventanas.



Una preciosa casa, de la que nos hemos ocupado reiteradas veces en este blog y que solo parece esperar sus últimos días, a manos del Tiempo o de la "Corporación de Amigos de la Piqueta" que tanto abunda en la ciudad.

Un poco más adelante, se encuentra el gran edificio bodeguero que fue propiedad de la familia Parra y que en época del "Alcalde por antonomasia" estuvo a punto de ir al suelo para hacer pisitos, a pesar de que conserva restos de construcciones del XV, XVI y XVII, llegando desde esta calle hasta la calle Canto y del cual hemos hablado en otras entradas.

En este conjunto de carácter momumental y, en consecuencia, hoy casi derribo, se albergaba el tabanco de "El Duque" (otro habitual de nuestras páginas), que hoy se muestra melancólicamente puerco, a través de sus ventanas abiertas, a pesar de haber sufrido un incendio. Su interior ofrece una desesperada belleza, con su esplendida columna de mármol del XVII, sus arcos y sus libros quemados en las estanterías aún enhiestas, emergiendo entre apestosos restos que ninguna escoba es capaz de barrer, como una "vanitas" entre paredes a las que no les queda mucho tiempo de estar en pie.





















Justo al lado de este "cuadro viviente", (bulle de vida, roedores y gatos luchan por la supremacía territorial y alimenticia), vemos un vallado que lo separa del antiguo y ahora inútil Cine Astoria; éste sirve también como basurero complementario, que pronto alcanzará el alto nivel de su precedente.













En el mismo edificio ruinoso, algunos metros más adelante, en la calle Vid que linda con el convento de la Monjas de Gracia, una especie de alambrada separa al caminante de las ruinosas paredes cuya esperada caída será una alegría para los de siempre. Pues incluso este espacio acotado se ha convertido ya en muladar. Un cartelito, de la anterior corporación municipal, prohibiendo depositar basuras queda de lo más propio en medio del caos.

Justo enfrente, el ventanal de Ponce de León, aparece gloriosamente impertinente, indiferente en su hermosura, resplandeciente entre tanto desastre.

Los transeúntes de la calle, vecinos, bolizas y turistas en una proporción difícil de determinar, no se giran para mirar tanto deterioro, sino que se sorprenden al ver a quien esto escribe, fotografiando detenidamente las basuras.

Por último, tras dejar a un lado un horrible edificio "ladrillero" pintado de verde y otra bodega ruinosa, llegamos a la plaza de Orbaneja, con su gran derribo de lo que fue casa del XVIII. Y, justo bajo una preciosa vista de la cupulita que remata la torre de San Juan, una casa a la cual el "ladrillazo" y su burbuja dejaron sin acabar, pero que si está convirtiéndose en una dignísima seguidora de sus compañeras de ignominia.
















Muchas veces hemos dicho que hay ciudades, las cuales visitamos y conocemos como ejemplos de belleza arquitectónica y de reconocida monumentalidad, que serían felices si pudieran poseer edificios como éstos que enseñamos... y mirad lo que hacemos nosotros con ellos.

Nuestros munícipes son un desastre, pero quienes han ensuciado esta calle y humillado a su ciudad de esta manera, son unos malnacidos puercos. Ya sabemos que no hay dinero, pero cuando lo había, es cuando se llevó al casco histórico de Jerez al colapso en que se encuentra ahora. Y los ciudadanos se quejan para nada porque nadie les oye, mientras que aquellos visitantes que se atreven a andar por estas calles te comentan espantados: "El centro histórico de Jerez solo está esperando a terminar de ser derribado". Mientras, otra voz te dice "Mucha protección no es buena para las ciudades" (¿os imagináis la profesión y el organismo al que pertenece quien opina esto?).


Lo peor es que lo sabemos.


¿Pensabais, amigos lectores, que ya no podíamos caer mas bajo en cuanto a Patrimonio se refiere? Pues ya lo veis, siempre podemos ir a peor, esperad a que llueva o simplemente, a que pasen unos meses.


Esperanza de los Ríos.