martes, 5 de febrero de 2013

TURRIS VERDÍSSIMA




En la entrada anterior Esperanza nos puso melancólicos al ritmo de los inmortales versos de Góngora y Quevedo. Nosotros también nos atreveremos a entrar al Parnaso para buscar quien nos inspire. Pero para esta entrada hay que tirar del sarcasmo.

Sarcásticos sí, porque a quién, contemplando cómo se eleva sobre Jerez, año tras año, el acebuche del torreón de la calle muro no se le viene al recuerdo los también inmortales versos de Miguel Hernández dedicados a los aceituneros de Jaén. Quién, viendo su retorcido tronco coronando nueve siglos de Historia, no rima Jaén con Jerez. Quién, al ver ondear sus ramas al viento, no descifra el emblema de la Dejadez y se pregunta, como el pastor de Orihuela, ¿quién levantó, quién amamanto, de quién es este Getsemaní sin Prendimiento ni lluvias de saetas?

Los cipreses quisieron salir en la foto...
El olivo del torreón de la calle Muro no lo levantó la tierra callada. Ni lo amamantó la sangre del altivo aceitunero jerezano ni el agua pura. Ni este olivo nos pertenece. Lo único que lo eleva y lo fertiliza es la Indiferencia. 

La Indiferencia, ese sino de nuestro Patrimonio. La indiferencia de ese Jerez ausente, que ni está ni se le espera. Un Jerez miope que no ve ni quiere ver más allá del dintel de sus casas o de la barra del bar de la esquina. Los bares, esos lugares de ocio etílico donde el jerezano medio ejerce de jerezanía, donde se pone hasta arriba y se viene hasta abajo y donde brinda por su jerezanismo acomplejado: “No somos menos que Sevilla; los sevillanos tendrán como gloria patria a su Turris Fortíssima, pero nosotros tenemos las Turris Verdíssimas, que son más ecológicas y más flamencas. ¡Ole, ole! ¡Viva Jeré!  y olé”.





Olé diremos nosotros si las instancias que elevamos al Ayuntamiento -como la que registramos ayer- surten efecto y nuestros ojos dejan de merecer la ignominia de contemplar las ruinas y los despojos de una ciudad caduca de su honor, majestad y gallardía.


 


Juan A. Moreno




NOTA: Esta no es la primera vez que hablamos de las murallas de la calle Muro: