viernes, 10 de diciembre de 2010

¡Peligro, sillarazo!



De esta guisa luce desde hace bastantes meses uno de los lados de la emblemática torre de la Atalaya, torre edificada por el cabildo municipal hacia 1447 para alojar el que sería el primer relog de la ciudad, símbolo del naciente poder concejil jerezano.

Pero, también, y de ahí lo de Atalaya, desde ella se llamaba al arma a los vecinos cuando sus vigías alertaban las señales de socorro de las ciudades costeras que alzaban sus llamadas cada vez que las banderas de piratas berberiscos o ingleses se oteaban por el horizonte de la bahía. Pero su campana no sólo traía malas noticias; en 1492 se cascó del jolgorio que produjo la toma de Granada.

Pese a su importancia histórica y al valor artístico de ser uno de los pocos ejemplos del mudéjar civil de nuestra ciudad, hoy, sin hora ni alertas que dar, sólo sirve como cobijo de palomas. Y para que cualquier peatón (persona humana que transita por la vía pública) sufra un doloroso percance.
Además es evidente que la pérdida de este "sillar" o "placa de revestimiento" puede producir más daños en la propia torre, ya que es soporte de los demás. Esta circunstancia puede dar lugar a nuevos desprendimientos, si no se interviene a tiempo, con el consiguiente aumento del coste de las reparaciones.

Hoy la torre de la Atalaya da este aviso a navegantes: para potenciar el patrimonio histórico-artístico de nuestra ciudad, no se puede construir la casa por el tejado... Seguiremos Mirando Jerez.

Juan A. Moreno.