miércoles, 6 de abril de 2011

LA ERMITA DE LA YEDRA, LA PAQUERA Y "LA DIVINA PROPORCIÓN"

El entorno de la Ermita de la Yedra es un lugar que recuerda a la pequeña ciudad que Jerez fue hace muchos años. El barrio de San Miguel siempre ha permanecido habitado, por lo cual se ha mantenido en mejor situación que los de San Mateo, San Lucas y San Juan. En los últimos años, también se ha visto más cuidado que los desgraciados compañeros de intramuros.

Aquí se ha conseguido mantener vivas las casas tradicionales del Antiguo Régimen, ya que hay muchas de los siglos XVII, XVIII y XIX en los alrededores.

Como digo habitualmente, hasta una pequeña casa popular es digna de conservarse, si es posible, porque responden a tipologías únicas y ancestrales del mundo mediterráneo, por humilde que sea, tiene su historia que contar y responde a formas de vida que, en muchos casos, ya están en desuso, algo que aquí se ha conseguido en gran parte.


En este entorno popular, la Ermita de la Yedra es un edificio que, igual que Villapanés, configura una distribución espacial muy elaborada, y estudiada por Fernando Aroca, que actúa como punto de partida de dos vías divergentes, Empedrada y Sol, actuando el templo, igual que Villapanés, como un elemento urbanístico propio del Barroco; estas configuraciones espaciales se crean en el barroco romano y un ejemplo de esta estructuración es el "Tridente" de la Plaza del Popolo, en Roma y en Madrid la Plaza del Sol. En Jerez, además de estos ejemplos hay otro idéntico en la Calle Lealas.

Pero, como siempre asoma el diablo el rabo, aquí asoma en forma de una escultura enorme, falta de ....no digo qué, pero los que sabéis de escultura me entendéis... y que representa a una gran cantaora de la ciudad, La Paquera.

Paca se merecía un espacio más acorde con la enormidad del tamaño del monumento. Situada entre edificios pequeños su presencia resulta apabullante siendo un verdadero incordio en Semana Santa o cuando en Cuaresma las bandas le tocan al Señor de la Sentencia.


Un monumento es para recordar agradablemente a un personaje ilustre y en este caso, como en el de Lola, están en sitios equivocados, pues no están pensados para ubicar esculturas, sino que son espacios funcionales de libre circulación, un verdadero logro del urbanismo barroco español, tan poco dado a espacios abiertos y que denota planificación y conocimiento de ideas europeas.


Como en el caso de Lola, hay plazas muy cercanas donde luciría más acorde a su "estética de lo grande", propia de las ínfulas de un Ayuntamiento que ata los perros con longanizas y no piensa que al contribuyente le gustaría que su dinero se invirtiese con más acierto del que se viene haciendo desde hace cuarenta años.


Ambas esculturas podrían componer un hipotético cortejo de posibles novias para el, aún mas grande, "Minotauro" solitario que amenaza al edficio de la estación..incluso se podrían celebrar las bodas de las dichas efigies...

Esperanza de los Ríos