Como con tantos otros, no se sabe muy bien qué pudo pasar, si sus dueños fallecieron y los herederos se frotaron las manos, o si los habitantes se fueron a un adosado a las afueras, con los niños y los perros... Dejaron las ventanas abiertas "para que esté ventilado" y el viento se llevó cuanto falta.
Pero sí sabemos lo que ocurrirá ahora, que unos cuantos constructores carroñeros le harán un relleno en el mejor "estilo ladrillazo", con mármol de panteón, y se lo llevarán calentito. El Ayuntamiento cobrará bien por la licencia de obras y le dará igual lo que hagan, eso ya no es asunto suyo.
Y los jerezanos ni nos enteraremos de lo que ha pasado.
Pero Jeremías llorará en su corazón, e invocará a los espíritus que la edificaron, para rémora de esta malhadada ciudad.


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