Traducida como "que la tierra te sea ligera", esta locución latina, frecuentemente en forma abreviada con sus iniciales S.T.T.L., era el poético epitafio con el que el mundo romano despedía a sus difuntos en las lápidas sepulcrales. Expuestas en nuestros museos arqueológicos (en aquellos que estén abiertos, claro) para extraño deleite de los que gustan de aprender del pasado, estas lápidas, esta "epigrafía de la muerte", eternizan nombres y vidas que hoy no son más que polvo.
Que la tierra te sea ligera fue el primer pensamiento que se nos vino a la mente cuando hace unos días contemplamos, con cierto alivio, las placas marmóreas, recientemente colocadas en varios monumentos de nuestra ciudad. Placas informativas en las que se rotula escuetamente el nombre del monumento, se fecha y se declara el estilo o estilos artísticos que predominan en él.
Nos parece una idea interesante ésta de rotular -siempre que sea digna y adecuadamente- los monumentos de nuestra ciudad, como también son loables las Rutas por los principales hitos de nuestro patrimonio histórico-artístico que está desarrollando el Ayuntamiento. Pero la labor en pro del Patrimonio no puede quedar sólo en estas puntuales actividades de Difusión.
Esperamos que, pese a la que está cayendo (que no es agua precisamente) nuestros regidores y nuestros técnicos municipales no olviden sus responsabilidades de Conservación y Defensa de Patrimonio. Responsabilidades que no tienen, en muchos de los casos, mayor gasto económico que el de cumplir y hacer cumplir las leyes.
Porque de otra manera, estos rótulos no serán más que grotescas memorias que anuncian la muerte de unos monumentos a los que sólo se les podrá desear que la tierra les sea leve.
Juan A. Moreno
Porque de otra manera, estos rótulos no serán más que grotescas memorias que anuncian la muerte de unos monumentos a los que sólo se les podrá desear que la tierra les sea leve.
Juan A. Moreno
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